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Los recortes abarrotarán las clases

El ministro José Ignacio Wert planteó ayer una serie de medidas para recortar gastos en Educación y así ahorrar hasta 3.000 millones de euros.

Entre estos ajustes destaca, por ejemplo, el incremento de horas lectivas impartidas por el profesorado y el aumento del máximo de alumnos por aula en un 20%, lo que provocará una consecuencia directa al instante: el tonto de la clase recibirá un 20% de hostias más el año que viene.

Buena noticia este overbooking, no obstante, para los piojos y para aquellos alumnos que quieran copiar en clase, donde los pupitres estarán cada vez más apelotonados.

Los niños que sean castigados a estar “de pie” al fondo de la clase sustituirán a los que estén de pie por no tener sitio para sentarse. Todo está pensado.

Otro ajuste anunciado por el Gobierno indica que cuando un profesor se coja una baja inferior a diez días lectivos, no será sustituido por un nuevo docente y el propio colegio tendrá que afrontar con sus recursos la baja. O lo que es lo mismo y lo que se ha hecho toda la vida: Llamar al profesor de gimnasia y que vigile a los alumnos mientras hacen un dibujo.

Nos vamos a comer el Mundo. [Noticia]

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Dibujando en mi pupitre

Traspapelados en el interior de unos cajones desordenados, he encontrado dos curiosas joyas que jamás deberían llegar a manos de un psiquiatra.

Hace ya diez años, cuando aún no tenía tantas canas, pasaba las horas de las somnolientas clases del colegio dibujando en cualquier trozo de papel que encontrara sobre el pupitre (generalmente sobre las fotografías de santos del libro de religión), y aprovechando esa incansable costumbre, junto a mi compañero Pepe Soler, comenzamos a retratar a cada uno de nuestros compañeros en curiosas historietas en las que todos acababan, uno a uno, muertos a manos de nuestras propias caricaturas (ahí estaba la gracia, no pongan esa cara). El resultado fue dos encuadernaciones de 15 páginas, una por curso (3º BUP y COU) y una dura competencia para la venta de orlas de aquellos dos años.

 

Ay… cuánto daño hizo Champagnat