Dibujando en mi pupitre

Traspapelados en el interior de unos cajones desordenados, he encontrado dos curiosas joyas que jamás deberían llegar a manos de un psiquiatra.

Hace ya diez años, cuando aún no tenía tantas canas, pasaba las horas de las somnolientas clases del colegio dibujando en cualquier trozo de papel que encontrara sobre el pupitre (generalmente sobre las fotografías de santos del libro de religión), y aprovechando esa incansable costumbre, junto a mi compañero Pepe Soler, comenzamos a retratar a cada uno de nuestros compañeros en curiosas historietas en las que todos acababan, uno a uno, muertos a manos de nuestras propias caricaturas (ahí estaba la gracia, no pongan esa cara). El resultado fue dos encuadernaciones de 15 páginas, una por curso (3º BUP y COU) y una dura competencia para la venta de orlas de aquellos dos años.

 

Ay… cuánto daño hizo Champagnat

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