Periodista intenta salvar la vida de su hijo publicando un artículo, y no.
Un niño de 2 años es víctima de una intoxicación por abundantes medicamentos mientras su madre esperaba la respuesta de los lectores de su periódico ante la solicitud de auxilio.

La periodista no supo cómo reaccionar correctamente ante el imprevisto banquete de analgésicos y whisky que ingirió el pequeño, por lo que echó mano de su oficio para salir de dudas y resolver la intoxicación de la manera más efectiva.
Tras hora y media finalizó la escritura un artículo que tituló «Mi hijo se ha tomado un medicamento por error, ¿qué hago?». Posteriormente, antes de mandarlo a redacción, lo envió, como es costumbre, a su corrector, que en ese momento estaba en clase de spinning. La periodista aprovechó la espera para buscar en un banco de imágenes una fotografía que ilustrara el artículo, ya que su hijo, en esos momentos no estaba en condiciones de someterse a una sesión fotográfica. Finalmente se decidió por una estampa alegre para «conectar mejor con el lector». Una hora más tarde, tras unos cuantos mensajes de Whatsapp solicitándole cierta urgencia, el corrector dio el visto bueno al artículo que posteriormente fue enviado a la redacción del periódico para ser publicado, una hora después, en la web del mismo.
La periodista aseguró a las autoridades que el artículo fue compartido en su Twitter «que tiene unos 450 seguidores» y en un grupo de Facebook de Vecinos del barrio de Los Bermejales, pero después de cinco horas de larga espera sólo recibió 3 likes en Facebook 4 comentarios.
«Ay, pues no sé…¡Suerte!»
«¿Eres fan de Gossip Girl? Fotos, vídeos y más aquí. Sígueme y te sigo.»
«Cómprate otro»
«Pa k kieres saber eso jaja saludos»
A la mañana siguiente, gracias a la aparición de la niñera, el pequeño fue atendido por las asistencias sanitarias en el mismo lugar de los hechos, ante la preocupada mirada de su madre al ver que las fotos que hacía de la escena no alcanzaban más de 6 «Me gusta» en su cuenta de Instagram.
Nazis.

Demasiado fea para Masterchef
Pensaba que no podía ver algo más clasista en Masterchef que las comilonas que brindan a la jet set de turno cada semana. Hasta esta noche.
En la cuarta semana de esta nueva edición del programa de cocina, los telespectadores hemos sido testigos de un lamentable y humillante capítulo que ha tenido a Esmeralda, la desempleada valenciana (así es como nos la presentan desde el inicio), como protagonista. Una concursante que puede caer en peor o mejor gracia debido a su peculiar personalidad y su empalagoso exceso de felicidad, pero que TVE, esta noche, decidió apartar por un momento sus dotes culinarias y juzgarla directamente por su físico. Ruin.
Lo hizo, además, de la mano de ese elemento tan prescindible en el show como es Eva González, una miss (o ex-miss, no sé si este tipo de títulos caducan) que, galones de pasarela por delante, decidió regalarle un inmenso favor a Esmeralda: maquillarla.

Por lo visto, según Masterchef, para ser una cocinera de primera clase es fundamental peinarse y acicalarse debidamente. Puede que no sea la única (y único) concursante que prescinda de tales cuidados, pero claro… Esmeralda es «bajita y entrada en carnes».
Y encima es tan tímida e inocente… Tanto que hasta uno de los concursantes, tras la eliminación de Esmeralda (consumada esta misma noche), afirmó que durante su estancia fue objeto de burlas y humillaciones por parte de algunos de sus compañeros. ¿Es por ello que el programa decidió obsequiarle con una «sesión de belleza» o directamente se unió a la lamentable azotaina dando el golpe de gracia?

¿Qué será lo próximo? ¿Llevar a Jose Luis, el manchego, a un logopeda? ¿Atarle la mano izquierda a los concursantes zurdos?
Esta noche la decencia de la televisión pública nos ha puesto sobre la mesa un «León come gamba». Y lo ha hecho con tu dinero y con el mío.
Humor en sucio #5
Humor en sucio #4
Colaboraciones en Sensacine
No todo va a ser actualidad política. Una de las espinas clavadas que tenía era hacer humor relacionado con otro de mis grandes vicios: el cine. En Sensacine, desde hace algunas semanas, me quito el mono con colaboraciones animadas. Aquí os dejo algunos ejemplos.








Carta a Josep Pedrerol

Confesaré, antes de emitir cualquier juicio, que no soy un fiel seguidor de los programas «Jugones» o «El Chiringuito de Neox», pero en muchas ocasiones me he dejado arrastrar por el informativo que precede al primero de los programas mencionados o, incluso, he sido en repetidas ocasiones testigo de las acaloradas «tertulias» del Chiringuito a través de la pared que separa mi estudio del salón de mis vecinos.
Lo que sí soy, y mucho, es aficionado al fútbol, como espectador. Abonado de un equipo de Primera División y admirador de aquellos partidos que dejan huella, independientemente de qué equipos se enfrenten. Entiendo que el objetivo de los programas que conduce es reunir a expertos amantes del fútbol para comentar los partidos desde un punto de vista profesional y compartir opiniones con el espectador, en muchos casos hasta en los dos sentidos gracias a las redes sociales. Vamos, tertulias deportivas como las de siempre.
Bueno, como las de siempre no.
Lo cierto es que visionando algunos de sus programas, y no importa cual de los dos a pesar de sus diferentes formatos, he contemplado que la pasión por el deporte se ha esfumado. Lo ha hecho en favor de algo distinto que no acierto a ponerle nombre, pero que no responde en ningún caso a aquello por lo que vale recordar cada partido. En mi caso siempre guardaré en mi memoria el momento que me empujó a seguir este deporte como aficionado. Bastó un gol de Nayim desde el centro del campo en el último minuto de la prórroga de una final de Recopa. Que no fue poca cosa, vaya. No soy aficionado del Zaragoza, pero cuando hablo de aquellos partidos que dejan huella, me refiero a estos inolvidables momentos que te enganchan al siguiente partido, y al otro, y al otro… Por aquel entonces yo tenía 12 años.
Hoy, a juzgar por los comentarios que escucho en sus programas, tengo la impresión de que prevalecen las huellas que dejan las heridas de unos afilados tacos, las palabras robadas en los vestuarios, los insultos, los gestos, los dedos en el ojo ajeno y todo tipo de rencor. Hoy, el niño de 12 años no puede dejarse llevar por los goles de cualquier equipo que no responda a dos únicos nombres, por las rabonas, las chilenas o por cualquier maravilla esculpida con los pies por cualquier jugador, sea o no el primero o el segundo mejor delantero del mundo. Uno de sus programas se emite en horario infantil. Es un programa deportivo, y el deporte es una de las bases fundamentales en la educación de los más pequeños. Sin embargo es un programa que se basa en fomentar el odio entre dos bandos. Que subraya el lado más oscuro del deporte, que lo radicaliza con rumores y argumentos infundados. Es un programa que no ama el fútbol. Lo destruye.
¿Cómo esperamos cerrar las viejas heridas de este país si aprovechamos algo tan inocente como el deporte para crear nuevos bandos? Y lo hacemos, además en horarios de máxima audiencia. Este tipo de «periodismo deportivo» no hace más que alimentar el odio y el enfrentamiento entre sectores que incluso son ajenos a lo deportivo. Citen a su admirado Boskov y recuerden que «fútbol es fútbol». No es política de Estado.
Usted, Pedrerol, tiene ahora mismo una responsabilidad enorme y estoy seguro de que es consciente de ella. Leía hace un rato en Twitter a un usuario que no sabía diferenciar entre «Sálvame» y «Jugones». Además de las evidentes diferencias entre programas (aunque sabemos a qué se refiere), yo subrayaría una en especial. Los espectadores de «Sálvame» no se reunen en estadios de 50.000 personas para enfrentarse entre los partidarios de Kiko Matamoros o Mila Ximénez (he tenido que documentarme, que conste), pero los espectadores de «Jugones» sí se enfrentan a otros aficionados, de manera pacífica, casi siempre. Su programa, lo único que va a conseguir es que la distancia cívica que separa ambos grupos de aficionados cada vez sea más corta. Y me gustaría decir que «algún día lo lamentaremos», pero por desgracia ya lo hemos hecho.
La pelota está en su área, Pedrerol. Sabe hasta dónde ha llegado. Elija bien a sus colaboradores, gradúe la intensidad de su formato, piense quién está delante del televisor y sobre todo disfruten del fútbol.



