La tarta de IKEA no tiene mercado en España

 

 

Muebles igual sí. Bueno, igual no, seguro que sí. Es innegable que la invasión sueca ha mermado la tradicional industria del mueble en España. Pero la comida… Y esa tarta… No, ahí no.

Tendrá que esforzarse mucho IKEA para que nos acostumbremos a su tarta de chocolate con restos fecales, porque el ciudadano español tiene el paladar muy fino en lo que se refiere al oscuro pasajero que todos llevamos dentro. Son muchos años ya tragando mierda, y quieras que no, nos hemos fidelizado al producto autóctono. Vamos… que no estamos dispuestos a comer mierda de los demás cuando ya tenemos suficiente con la nuestra. Oh… ¡qué delicia! Tarta con sabor a corrupción, a sobres, a mentiras, mierda con aroma a Louis Vuitton, uhmmm… esos tropezones enredados en los pelos del culo de Urdangarín, ¡qué sabor! Las heces del Rey, del trono real directos a tu plato… ¡un manjar! Mojones con un 21% de IVA, zurullos de copago y una selección deluxe de ñordos de imputados.

Nuestra carta es selecta y para todos los gustos. No me vengan ahora con mierda sueca, que nos hemos vuelto muy exquisitos.
 

La razón por la que tu hamburguesa tiene carne de caballo

 

 

De momento, los últimos hallazgos de trazas de ADN equino han sido encontrados en las albóndigas de IKEA «Köttbullar» y en los canelones de La Cocinera. Podéis llamarme loco, atrevido… ¡visionario!, pero yo aquí veo una conspiración…

 

El otro debate sobre el estado de la nación, en los pasillos del Congreso

 


 
Tengo que reconocer que cuando alguien me dice «Sí, ese ministro que se parece a Gollum», me sigo quedando con la duda de a quién se refiere…

 

El ambientador de medidas

 

 

Medidas y más medidas en el debate del estado de la nación. Medidas con aroma a ropa limpia para disipar la peste a mierda que envuelve un Gobierno que se niega a pronunciar el nombre de Bárcenas sobre la palestra y ofrecer una explicación concisa sobre los últimos escándalos de corrupción. Medidas. Ambientador contra la putrefacta tufarada.

 

Es algo que se viene haciendo

Los animales NO tienen derechos

 

 

Corren tiempos en los que cualquier intervención pública de cualquier político es presa de las críticas de un enfurecido pueblo aunque se quede en lo más superficial de un titular de 140 carácteres. Y es comprensible, tal y como está el patio.

Uno de los últimos en recibir leña ha sido el diputado de UPyD, Toni Cantó, que tras su última intervención en el Congreso de los Diputados, ha recibido más collejas que todas las que Amparo Baró le propinaba en 7 vidas.

En el debate en el pleno del Congreso de la tramitación de la ILP que propone declarar las corridas de toros Bien de Interés Cultural, el diputado y actor, afirmó que «Ni los toros ni el resto de los animales tienen el derecho a la libertad y el derecho a la vida». Toma ya. Carne de cañón para twitter. [Crucifixion]

Más allá de la postura de su partido frente a los temas taurinos, la afirmación de Cantó se extendió por las redes provocando una múltiple lapidación del diputado. Toni Cantó no es santo de mi devoción, y menos todavía su partido, pero he dereconocer que que tenía razón. Los animales no tienen derechos.

Cantó citó las palabras del filósofo, y compañero de partido, Fernando Savater, quien ya afirmó que los animales no tienen derechos ni obligaciones, sino que son los seres humanos quienes tienen obligaciones para con los animales. [Ver] Y es tan evidente la coherencia de estas palabras como lo es que el derecho no es una cualidad innata en los seres vivos, sino una creación humana fruto de un proceso racional colectivo del que los animales, evidentemente, carecen. ¿Los animales tienen derecho a la vida? Evidentemente no. Pero eso no quiere decir que les deseemos la muerte o que abandonemos las tareas de protección sobre la fauna y las especies protegidas. Simplemente, los animales no tienen la capacidad de ejercer sus derechos por sí mismos. Los seres humanos, sí. Podemos ejercer nuestro derecho a la vida y a la libertad mediante leyes, sentido común y respeto, factores inexistentes en la vida animal, pues no me imagino a una gacela reclamándole a un león su derecho a la vida en plena sabana africana.

La RAE, para aquellos que justifican la verdad en función de la etimología, afirma que un derecho es la «facultad del ser humano para hacer legítimamente lo que conduce a los fines de su vida», o el «conjunto de principios y normas, expresivos de una idea de justicia y de orden, que regulan las relaciones humanas en toda sociedad y cuya observancia puede ser impuesta de manera coactiva».

Así pues, hasta que llegue el momento en el que los animales sean capaces de gestionar sus derechos y sus obligaciones, serán los seres humanos quienes se responsabilicen de sus propios actos para con los animales, a partir de los principios éticos y morales que, teóricamente, nos caracterizan como seres civilizados, porque el debate no es si los animales tienen o no derechos, sino cuáles son nuestras obligaciones hacia ellos. Y cualquier discusión enfocada a la desequilibrada relación entre el ser humano y los animales no debe estar enfocada a partir de unos derechos inexistentes en la fauna, sino a partir de la evaluación de la necesidad que tenemos de ejercer determinados poderes sobre la especie animal, basándonos en, precisamente, aquellos valores que nos diferencia de los animales: el sentido común y el control de la crueldad.

No se trata de respetar sus derechos, se trata de respetar nuestra condición humana. Respetarnos a nosotros mismos.