A 300 metros, perroflauta

 

El Gobierno pretende acotar y restringir la nueva moda de la protesta ciudadana: los escraches.

Debido a los últimos acontecimientos y visitas sin avisar a los domicilios de ciertos políticos, incluyendo a la vicepresidenta del Gobierno Soraya Sáenz de Santamaría, se está barajando seriamente limitar las legítimas protestas a un perímetro de 300 metros desde el domicilio del objetivo político. [Noticia]

Y todo ello a causa del turbio caracter violento y agresivo que algunos partidos políticos, acorralados esta vez en su propio barrio, insisten en destacar como leit-motiv de los escraches. Ayer mismo, Sigfrid Soria, ex diputado del PP, en lo que pareció un llamamiento a un futuro escrache bien merecido, amenazó en su Twitter con dar “ostias” y “arrancar cabezas” a los perroflautas que pudieran agredirle a él o a sus hijas, que no tienen la culpa de nada. Y efectivamente, en eso estamos de acuerdo, las hijas de los políticos no tienen la culpa de nada, pero sus padres sí. De la misma manera que no tienen la culpa de quedarse en la calle las hijas de los desahuciados o las hijas de los engañados por los bancos en el caso de las preferentes, o las hijas que se quedan sin becas, o las hijas que acompañan a toda la familia al banco de alimentos porque sus padres se han quedado sin paro mientras otros se reparten millones en Suiza. Y si para los políticos, como para cualquier padre, sus hijas son tan importantes, la mejor manera de protegerlas y evitar que descubran en el portal de su casa quién es su padre, es hacer bien su trabajo.

Mientras tanto, la solución es alejar los escraches a 300 metros de los domicilios de los políticos. Que digo yo que 300 metros más allá de la casa de un político, probablemente viva otro, o un diputado, o un alcalde, o un banco (que también serán protegidos, seguramente), o el bar donde almuerza el chófer del presidente… Vayan alejándose 300 metros de aquí, y ahora de aquí, otros 300 más hacia allá, otros más que aquí vive la prima de aquel ex diputado, más, otros 300… vale, ahí, en ese descampado a las afueras de la ciudad, ahí ya no están a menos de 300 metros de cualquier punto caliente. Pueden protestar todo lo que quieran y pegar las pegatinas en aquellos matorrales. Pero cuidado, no se alejen mucho más de la ciudad porque ya se acercan a aquel pueblo del extrarradio, y ya saben, ahí vive su alcalde y toda su familia…

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Un Comentario

  1. Mortanauta

    300 metros en una ciudad… con sus edificios y tal. Como no te pongas en mitad de la carretera cuando viene el coche oficial, el político de turno ni se cosca. Eso sí, los vecinos que tienen la desgracia de vivir a 300 metros se chupan una manifestación debajo de su casa sin comerlo ni beberlo.

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